lunes, 21 de mayo de 2012

El miedo a lo desconocido.



"Domina genéticamente, pues, la timidez, porque es lo que la Naturaleza ha decidido imponer en la evolución, como medida de precaución necesaria seleccionada positivamente."

David Nieto Maceín.

El lobo feroz



"(...) Lo que vi jamás se borrará de mi memoria: la faz del lobo era de una belleza indescriptible, la amplia bóveda de su cráneo, coronada por dos pequeñas y triangulares orejas, reflejaba una gran inteligencia; sus claros, serenos y profundos ojos, con iris del color del ámbar, miraban hacia mí con aire interrogante; sus firmes y vigorosos aplomos, su pelaje entre pardo y plateado y toda la armonía de sus formas superaban cuanto yo había visto en el mundo animal(...). Tan sigilosamente como había aparecido, la silueta del lobo se esfumó en el aguanieve del atardecer (...). Aquella tarde fría del mes de diciembre decidí que todo cuanto me habían contado del lobo era falso".

Félix Rodriguez de la Fuente.

Extraído del libro: Etología del lobo y del perro. Análisis e intrerpretación de su conducta .
David Nieto Maceín.

sábado, 28 de abril de 2012

El otro lado

Bajo el montón de abrigos colgados en el perchero que lo disfrazan de árbol otoñal que se resiste a dejar caer sus hojas, he encontrado una bandolera que solía llevar hace unos años.
En el interior, entre otros cachibaches y bien dobladito he encontrado un pequeño tesoro que me regaló una vieja amiga mía, cuando aún eramos unos desgarbados veinteañeros.
Creo que este es un buen rincón para guardarlo, antes de que algún pececillo de plata lo devore por completo.



"No esperamos que la gente empatize con lo que no es poco corriente.  [Ese elemento trágico subyace al hecho de la repetición, y no se ha forjado como parte de la emoción de la humanidad, quizás porque nuestro marco mental no podría resistirlo.] Si tuviésemos la visión y la sensación de todo lo ordinario de la vida humana, sería como escuchar la hierba y el latido del corazón de la ardilla; moriríamos al escuchar el rugido oculto al otro lado del silencio."

George Eliot

miércoles, 18 de abril de 2012

Hasta la vista, Marvin II.


Aquí está, este pequeñajo que no tiene ni dos meses, disfrutando del sol de primavera.

Hoy, lo hizo por última vez.

Como cada día salió de paseo con su clan, pero hoy no volvió.

Maese Raposo decidió que sería la comida perfecta para su camada y decidió darle muerte y llevarlo a su guarida.


Que lástima.
A Marvin II, que fue un cabrito prematuro, tuvimos que ayudarle a mamar, darle biberón durante dos semanas y lo hemos visto crecer, corretar, brincar y engordar, cada día. Incluso empezaban a salirle ya sus cuernecillos.

Al mismo tiempo entiendo que es un sacrificio.

El precio que hay que pagar para poder seguir disfrutando de la presencia casi invisible del Maese, que se resiste simplemente a desaparecer y nos da una lección de supervivencia y adaptación, pese a lo complicado que se lo ponemos cada día.

No te guardo rencor, Maese, lo sabes bien. Admiro tu ingenio y tu perseverancia.
Pero te lo pondré un poco más difícil la próxima vez.
Soy humano, claro.

Es una insensatez no darle a los espíritus de la Naturaleza lo que es suyo. Lo que no les ofrezcas de buena gana, ellos sabrán arrebatártelo.

jueves, 5 de abril de 2012

Regalos de lluvia

En la correría con la manada de esta tarde, tras estos mágicos días de lluvia, nos hemos encontrado con una vieja amiga que hacía unos veinticinco años que no veía... Y me ha susurrado al oído algo sobre la llegada de la primavera.

martes, 29 de noviembre de 2011

Gatos.



"El animal a quien los egipcios adoraban como a un dios, al que los romanos veneraban como símbolo de la libertad y que fue anatemizado por los europeos de la ignorante Edad Media, quienes lo tenían por un ser demoniaco, ha demostrado a lo largo de todas las épocas dos rasgos de carácter íntimamente mezclados: valor y dignidad. Y aun en circunstancias menos propicias, el gato siempre se ha distinguido por ambas características.



Si enfrentamos a un niño, a un cachorro y a un gatito a un peligro inminente, el niño buscará ayuda instintivamente, el cachorro se humillará con abyecta sumisión ante la amenaza que se cierne sobre él y el gatito aprestará su minúsculo cuerpo para plantear una resistencia desesperada. Separemos a un gato amante del lujo del ambiente social acomodado en el que por lo general se las arregla para vivir y observémoslo con ojo crítico sometido a las circunstancias adversas de la civilización . . . de esa civilización que puede incitar a un hombre a degradarse hasta el punto de vestirse con ropas llamativas y obscenas y hacer cabriolas en plena calle como un saltimbanqui, todo para ganar un puñado de monedas que lo mantengan en el lado respetable y no delictivo de la sociedad. El gato callejero de los suburbios, muerto de hambre, rechazado por todos, acosado, se pasea en medio de la adversidad con ese andar de pantera, atrevido y libre, con el que antaño transitara por los patios de los templos tebanos, y sigue haciendo gala de esa actitud atenta e independiente de la que el hombre no ha logrado enseñarle a prescindir.



Y cuando sus artimañas y astutos manejos no le bastan para apartar de sí un destino inexorable, cuando sus enemigos resultan ser demasiado fuertes y numerosos para su capacidad defensiva, el gato muere luchando hasta el final, estremecido por la rabia ahogada de quien domina el arte de la resistencia y dando voz en su alarido de muerte a la queja amarga y agónica que los animales humanos también han lanzado muchas veces contra los altos poderes; la última protesta contra un destino que, pudiendo haberles concedido la felicidad, se la ha negado."


Tomado de: Las mejores historias sobre gatos. Editorial Siruela. Madrid, 2005.

jueves, 2 de junio de 2011

Entre lobos



Ayer ví esta película que no deja de ser un cuento de niños y me intereso saber la verdadera historia de este "brutamonte" acogido por los lobos.

Y como siempre, la realidad es muchísimo más sobrecogedora que la ficción.

«Un día oí ruido detrás de unas rocas. Me acerqué y había unos lobeznos. Les fui a dar comida, a revolcarme con ellos… Vino la loba y lanzó un mordisco… Me fui… Un día estaba en la cueva y entró la loba. Yo me fui al fondo… Creía que me iba a comer… ¡Como antes me había atacado! Pero me dejó un trozo de carne… Me lo iba acercando… Y al final se acercó y la abracé… Y fueron confiando en mí. Yo les daba comida y jugaba con los lobeznos y poco a poco, así, fue como me fui convirtiendo en el jefe de la manada».




Enlaces relacionados:

http://www.youtube.com/watch?v=k9LDf1Ifnfs

http://www.elmundo.es/especiales/2010/04/cultura/entre_lobos/