miércoles, 27 de noviembre de 2013

En la mente de un perro



Es altamente probable que conozcas a una o a muchas personas que afirman, de manera categórica, que su perro es superinteligente y que solo le falta hablar para que lo compruebes de manera fehaciente. Quizá esas personas también argumentarán que sus mascotas tienen emociones y pensamientos. ¿Es posible, de acuerdo con los estudios científicos, que estas ideas encierren una gran verdad?

En la última década se han hecho pruebas y experimentos de laboratorio en un campo científico novísimo: la etología cognitiva de los perros. Los especialistas en esta área han hallado que no se trata de un mito, y que la inteligencia de los perros equivale a la de un infante de dos años.
El libro The Genius of Dogs. How Dogs Are Smarter Than You Think (El genio de los perros.

 Cómo los perros son más inteligentes de lo que piensas), de Brian Hare y Vanessa Woods, permite tener una idea del interés que ha puesto la ciencia para tratar de comprender de qué manera los perros logran “entender” a los seres humanos, cómo consiguen establecer lazos de comunicación con otra especie.
Después de revisar más de 600 artículos de investigación relacionados con el tema, Hare, director del Centro de Cognición Canina de la Universidad Duke, en Durham, Estados Unidos, sostiene que, además de los seres humanos, los perros son los mamíferos más exitosos en el mundo. Mientras la población de otras especies ha decrecido como resultado de la actividad del ser humano, nunca en la historia ha habido más perros en el planeta que hoy en día.
En su calidad de antropólogo evolucionista, Brian Hare también argumenta que “los perros tienen más trabajos que nunca”: dan asistencia a las personas con discapacidad física o intelectual; auxilian en terapias para ancianos o enfermos; encuentran bombas; realizan funciones de vigilancia; en las aduanas, detectan productos ilegales; incluso, han logrado identificar melanomas o cánceres intestinales.
Si el perro ha sido tan exitoso en todas estas tareas se debe, seguramente, a su genio, a su habilidad espontánea para realizar inferencias, a su capacidad empática y adaptativa para interpretar las reacciones, los gestos, las miradas y las señales de los humanos, con cuya convivencia los dotó —mediante un proceso de domesticación que lleva por lo menos 15,000 años— de una clase de inteligencia que se puede considerar como “especial” en el reino animal.
De hecho, Hare acaba de abrir el servicio en línea Dognition (www.dognition.com) que, por una módica cuota, ayuda a los usuarios a entender el estilo cognitivo de su perro, por medio de una serie de preguntas y juegos, diseñados sin carácter competitivo pero sí con el propósito de revelar las habilidades de los perros.
Coeficiente intelectual perruno
¿De qué manera un científico comprueba que un perro es capaz de pensar, de adquirir información acerca del mundo que lo rodea y de actuar en consecuencia?
Por supuesto que no se mide el coeficiente intelectual (IQ) de los perros ni se les aplican pruebas de vocabulario avanzado, pero sí se les evalúa mediante el reconocimiento de “comandos”, o instrucciones que se dan a los perros adiestrados.
Por ejemplo, a los canes se les solicita recordar en dónde quedó escondido un premio en forma de alimento. La voluntad de aprender un nuevo truco reemplaza a las sumas complejas. Y la resolución de problemas queda ilustrada por la manera en que un perro se las ingenia para que algún alimento o juguete acabe en su hocico.
Aunque la investigación sobre las habilidades cognitivas de los perros se inició desde los años sesenta, fue hasta hace una década cuando su investigación sistemática condujo a una revolución en el estudio de la inteligencia canina, surgida en el contexto de la psicología comparada. En estos últimos 10 años se ha aprendido más sobre los perros que durante todo el siglo pasado.
La combinación de la atención que nos conceden los perros, aunada a sus poderes sensoriales es algo explosivo”, señala Alexandra Horowitz, profesora de psicología en el Colegio Barnard de la Universidad de Columbia, en Nueva York, quien escribió el libro Inside of a Dog. What Dogs See, Smell, and Know (El interior de un perro. Lo que los perros ven, olfatean y saben).
El primer reto que lanza la autora es considerar a los perros como una especie de “antropólogos caninos”, debido a que nos observan y nos huelen como ningún otro animal lo hace; tienen la capacidad de sintonizarse con nosotros para darse cuenta de lo que es normal o diferente; reaccionan ante estímulos antes de que nosotros podamos hacerlo. Tanto que las personas ciegas, sordas o con alguna otra discapacidad obtienen de los perros la ayuda necesaria para desenvolverse en un mundo en el que no podrían circular sin el apoyo de sus lazarillos.
Para Horowitz no hay duda de que los perros aprenden debido a que es la manera natural en la que funciona cualquier sistema nervioso: ajusta sus acciones con el paso del tiempo en respuesta a la experiencia. Los perros han aprendido que somos una herramienta útil para ellos: les proporcionamos protección, alimento y compañía; sin embargo, también tienen la habilidad de aprender al observar lo que otros perros hacen: si un perro empieza a cavar un hoyo en la tierra, muy pronto se le unirán otros para agrandar el agujero; esto se ha descrito como “estímulo mejorado”. Y aunque no se les reconoce la posibilidad de imitación, sí se acepta que desarrollan un entendimiento imitativo que proviene de la demostración de cómo otros obtienen algo.


Recuerdos caninos
Al indagar en la perspectiva de un perro, Horowitz vislumbra que aun sin la evidencia de que los canes experimentan el paso del tiempo, sí tienen una noción del transcurso del día gracias a un reloj biológico regido por un ciclo circadiano que alterna los periodos de sueño con los de vigilia. Dicha función se regula en los seres humanos por el núcleo supraquiasmático, localizado en el hipotálamo. Y sí, adivinaste: el cerebro de los perros también tiene un hipotálamo. El marcapasos de los perros los vuelve más activos cuando amanece, reducen su actividad en la tarde y tienen un ligero incremento de energía en la noche. Sin embargo, el reloj más preciso es su estómago.
La prueba de que los perros recuerdan radica, de acuerdo con la especialista, en el hecho de que nos reconocen cuando regresamos a casa, no olvidan el lugar en el que está su juguete favorito y saben cuando les darán de comer o los sacarán a pasear.
Otra prueba de su memoria: cuando descubren que los llevarán al consultorio veterinario, cambian su actitud corporal y llegan a mostrar ansiedad. También recuerdan sus casas, los lugares por los que caminan, a otros perros, las agresiones y castigos infligidos, a los amigos de sus dueños y mucho más.


¿Perros  malos?
El doctor Moisés Heiblum es el responsable del área de Etología Clínica del Departamento de Etología, Fauna Silvestre y Animales de Laboratorio (DEFSAL), adscrito a la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM. Se especializa en investigar las causas de la conducta anormal de los animales y su posible corrección.
Heiblum señala que se empezó a estudiar la inteligencia de otros animales porque el perro estaba a nuestro lado, y dábamos por hecho su existencia doméstica e incluso su inteligencia.
Sin embargo, apunta el etólogo, se han descubierto en los perros habilidades cognitivas para resolver problemas que se creían exclusivas de los primates, debido a la ventaja anatómica que representa tener manos con dedos y pulgares.
El veterinario menciona algunos experimentos que muestran las habilidades cognitivas de los perros. Por ejemplo, si un can tiene enfrente dos pedazos de carne, uno grande y otro pequeño, inicialmente consumirá el que tenga más cerca; pero si los dos pedazos están al mismo nivel y a la misma distancia, elegirá el grande. Esta acción, explica Heiblum, determina la existencia de cierta lógica. Gracias a sus capacidades olfativas, ahora es común que les enseñen a rastrear explosivos, drogas, alimento, sobrevivientes en un sismo y más. Si a un perro se le entrena para rastrear del punto A al B y del B al C (en forma de triángulo), y se coloca en el C el objetivo que debe hallar, al principio recorrerá los tres puntos, pero después de un par de veces irá directamente del punto A al C, brincándose el B. Este experimento demuestra su capacidad para seguir atajos, es decir, también poseen una condición de inteligencia que les permite adaptarse a condiciones más fáciles, cómodas y eficaces de acción.
Heiblum explica que “los perros se comunican perfectamente mediante gestos y posturas corporales; la posición de la cola y las orejas; la dilatación pupilar y los movimientos de cabeza… tanto que otros perros y animales entienden a cabalidad su mensaje. Es a nosotros, los seres humanos, a quienes nos faltan elementos para interpretar adecuadamente el lenguaje canino”.


Trastornos de aprendizaje 
Alejandro Cabrera también es veterinario especializado en etología; sin embargo, su enfoque es hacia la zootecnia, en su caso a la búsqueda del “perro ideal” mediante la cruza de los ejemplares más aptos para tener animales sanos, emocionalmente estables, equilibrados en sus anatomías y que cumplan instintivamente con la función que van a desempeñar. Su fuerte son los pastores alemanes y el adiestramiento de canes de otras razas adecuadas para acciones de vigilancia y protección.
Hace más de 30 años, Cabrera fundó UCAPSA, “la universidad para su perro”, escuela de adiestramiento que ofrece kínder can para cachorros, entrenamientos de obediencia y adiestramientos específicos para seguridad y protección.
Una de las etapas cruciales en la vida del perro, y a la que se le da poca importancia, es la que va desde el nacimiento hasta la decimosegunda o decimocuarta semana de vida del cachorro, periodo en que el animal empieza a abrir sus canales sensoriales: ver, escuchar, oler e identificar estímulos y crear asociaciones. Cuanto mayor sea la cantidad de estímulos a los que se haya expuesto durante este periodo, el perro creará una mayor cantidad de conexiones neuronales y, por tanto, incrementará su capacidad de aprendizaje.
Aquellos perros que no son expuestos a diversos estímulos, no liberan todo su potencial, por lo que sufren de “síndrome de privación sensorial temprana”, tienen una menor cantidad de conexiones neuronales y desarrollan un trastorno de “ansiedad generalizada” en el que los estímulos que no conocieron durante esta etapa tan sensible los perciben, después, como una amenaza: el perro tiene una distorsión en la percepción de lo que verdaderamente es peligroso y lo que no, y, en consecuencia, es normal que le tenga miedo a lo desconocido.
Estos perros —explica Cabrera— son muy poco adaptables a la convivencia con el humano y se pueden volver agresivos, miedosos, depresivos… hay toda una serie de trastornos relacionados con este síndrome”.



Uno de los aspectos que provoca el mayor rechazo por parte de los especialistas en conducta canina, entre ellos Alejandro Cabrera, es la idea de humanizar a los perros, ya que, argumentan, es una actitud aprovechada por la industria de las mascotas que cada año mueve millones de dólares y que, además, vuelve infelices a los perros al tratar de convertirlos en lo que no son.

Problemas de personalidad
Lo más sano es, señala Cabrera, tratar a tu perro como perro e incrementar sus habilidades cognitivas; adiestrarlo para que te obedezca y evite las conductas indeseadas, así como entrenarlo para que aprenda la función que se espera de él: compañero, protector, lazarillo, terapeuta, etcétera.
Se considera que 20% de la conducta de estos animales está marcada por la genética y 80% por el ambiente, eso muestra lo importante que es capacitarse para tener un perro.
La fundadora y directora de la Academia para Entrenadores de Perros, Jean Donaldson, reconoce que los canes tienen capacidades olfativas sorprendentes, que pueden interactuar en ambientes sociales complejos y tener una vida emocional muy rica; no obstante, insiste en que carecen de un pensamiento abstracto y de una moralidad que los haga sentirse culpables con respecto a sus acciones. La entrenadora señala que estos animales tampoco tienen una conciencia retrospectiva o prospectiva del paso del tiempo y que, a pesar de que pueden aprender a discernir la relevancia positiva o negativa de ciertas palabras, no comprenden el significado específico del lenguaje verbal.
Algunos hallazgos científicos más recientes retan la suposición tradicional de que los perros (y otros animales no humanos) simplemente reaccionan a ciertos estímulos, sin tener la capacidad para el desarrollo de un pensamiento abstracto, aunque sea muy elemental. Pero como suele suceder con los nuevos paradigmas: todavía hay cierta oposición hacia estos avances y son motivo de acaloradas discusiones entre científicos y entrenadores de perros.
Todos tenemos algo que aportar a este debate a partir de las experiencias con nuestras mascotas. Observa con atención a tu perro y toma nota de sus reacciones cuando juegues e interactúes con él.
El reto para los científicos, los entrenadores y para ti es descifrar su forma de comunicarse, para tratarlo con el respeto y la dignidad que merece su inteligencia perruna.

(Extraído de aquí.)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El círculo


What if we already have everything we need,
and we already know the truth...
if what once we forgot,
we are now
remembering...

My sweet friend. Samantha de Siena.

jueves, 7 de noviembre de 2013

LOBO, el lobo que cambió América.




"Y lobo murió mirando al horizonte, de una forma vil y miserable. Seton escribió la historia sin pudor y dijo que así mostraría su mísera faz y la nobleza del lobo, cambiando la imagen equivocada que muchos norteamericanos tenían del lobo. La piel de LOBO está expuesta en un museo...eso es todo lo que quedó de aquella pareja de enamorados llenos de vida y libres..."


Vídeo de su historia: